M. NAZCO “ICONOS DE LA CIUDAD II”

                                                                                                                                                                                                                                  RECONOCER UNA TRAYECTORIA ARTÍSTICA:      M. NAZCO

En tiempos en que las prisas se imponen en la sociedad occidental actual, por llegar antes al trabajo, o por conseguir lo antes posible el éxito, bueno es que nos detengamos com algo más de interes en quien, habiendo realizado un amplio y denso recorrido en la plástica, añun mantiene su trayectoria plenamente activa. Maribel Nazco ya tuvo una amplia actividad en la segunda mitad de los sesenta, cuando participó intensamente de las exposiciones del Grupo “Nuestro Arte”. Realizaba entonces una obra pictórica de un cromatismo vivo, con un plantemiento próximo a la abstracción unas veces, y con referencias y variaciones sobre la figuración otras.
Alcanzó importantes objectivos a lo largo de la década de los setenta, en la que acaba imponiéndose su nuevo tipo de obra, un modo que terminaría siéndole proprio e indificador, los metales. Con distintas denominaciones, como de la escultopintura, por no encontrar un término más adecuado para definir estas singulares aportaciones, con mano decidida y valiente llegó a dominar las planchas de metal, desde una espontánea tosquedad de las soldaduras primeras, a la tersura y limpieza de los aluminios y duraluminios de finales de los setenta.

Mantuvo la actividad plástica a pleno rendimiento en la primera mitad de los ochenta. El metal seguía ocupando su atención, junto con amplias cartulinas dibujadas a grafito, hasta que al mediar esa nueva década cierra su “fructífera” etapa de los metales y retorna a la pintura, en el momento en que esta recupera protagonismo y con ella también revivía el tratamiento de la naturaleza y el paisaje. Ya los transvanguardistas italianos, como Longombardi y Tatafiore, cuyas obras llegaron a la isla al  mediar los ochenta de mano de la garería Leyendecker, abrían un nuevo cauce. También los neoexpresionistas alemanes habían apostado por la recuperación de la pintura, de la figura humana. Junto a ellos, maestro como Anselm Kiefer aportaban una nueva visión del paisaje, convincente y embriagadora.

La segunda mitad de los ochenta y los noventa fue más, en Maribel Nazco, la carrera docente en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna. Primerola Tesis y el Doctorado, luego la Titularidad, la Dirección del Departamento de Bellas Artes, y posteriormente la Cátedra de la Facultad, que sigue ejerciendo en la actualidad. Si reflejásemos la titulaciones profesionales y los cargos académicos que ha reunido Maribel, y que en la actualidad ostenta
‹al final del Catálogo se recoge una parte significativa de su curriculum›, posiblemente tan sólo con ello ocuparíamos todo el espacio reservado para esta escueta presentación.

La obra con la que Maribel Nazco se presenta de modo individual en el Instituto de Estudios Hispánicos, “Iconos de la ciudad II”, pertenece a su etapa más reciente, años 2000 y 2001, y es una continuidad de las pinturas con las que Nazco inició los años noventa, a través de una amplia muestra en el Centro Cultural de CajaCanarias en Santa Cruz de Tenerife. Por todo ello, el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias se congratula de que visite por primera vez su Sala de Exposiciones, y que una de sus obras pase a formar parte de la Colección de Arte, que iniciara precisamente uno de sus maestros y amigos, Eduardo Westerdahl, quien junto a su mujer Maud Bonneau mostró, a lo largo de los años, su apoyo a la obra de Maribel Nazco, y su confianza y su cariño a la mujer y a la artista.

Celestino Hernández

ICONOS DE LA CIUDAD II

La elevación de la  melancolía al rango de fuerza intelectual, el valor emocional del estado de ánimo sentimental y placentero puede enriquecerce por la melancolía contemplativa, a través de la asimilación del paisaje. La costa industrializada, motor económico del desarrollo portuario capitalino se presenta en las visiones de Maribel Nazco, a través de la aglomeración cromática de contenedores que nos conducen a un universo metálico, colorista…donde la expreción intensa del color sólo se ve limitada por la línea que contriñe la composición marcando sus límites. El horizonte, allí donde la mirada  se adueña de lo intangible es el fondo de transparecias a través del cual nuestra percepción retiniana se apodera los iconos urbanos del comercio marítimo, para atender a la reflexión moderna del hombre contemporáneo sobre su toma de contacto con la realidad industrial y social de los puertos comerciales insulares.

La naturaleza inanimada, la valoración del objecto como ya hicieron los grandes maestros barroco es la reivindicación del artista. Luminosos contenedores apilados son reiterados siguendo la técnica del acrílico sobre lienzo o pintura sobre papel, haciendo que un depósito de mercancías represente el paradigma de nuestra sociedad insular marcada por el intercambio comercial. Así la cotidianidad se convierte en símbolo de nuestro tiempo; esas cajas de Pandora llenas de cualidades regalo de los Dioses a los hombres que bajo la despiadada curiosidad humana desatan desgracias y calamidades a todos los mortales, permaneciendo implacable la esperanza como alivio ante tanto sufrimiento. Reflejo del intercambio material y cultural sobre el que se asienta una población que necesita de la comunicación marítima, como vía de desarrollo, dada su insularidad atlántica y que en tiempos remotos nos conujo a la formación de un espíritu universal. Contenedores metálicos que guardan mercancías desconocidas, ilusiones materiales para el consumo diario en las que depositamos la idea de una felicidad ficticia;  esas cualidades regalo de los Dioses que nunca poseyeron los perversos humanos esclavos de sus vicios y defectos. Así la esperanza es la única protagonista de un futuro incierto donde triunfe la intolerancia y el descontento.

El paisaje, la naturaleza saturada por la fuerza vital del Universo se condensa en los objectos de utilidad colectiva, iconos de la ciudad cuya actividad comercial genera un continuo devenir de mercancías, que configuran un espacio de líneas geométricas y masas de color independientes capaces de intervenir en nuestra percepción artista de la materia.

Cristina Fragoso

Textos del catalógo de exposición “Iconos de la ciudad II” , Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, 11 de Mayo al 4 de Junio de 2001